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Debate sobre la capacidad de las defensas aéreas rusas tras ataque con drones en Moscú

22 de junio de 2026 Lectura de 3 min

Un ataque con drones contra varios puntos de Moscú el 18 de junio de 2026 reavivó el debate sobre la eficacia de las defensas aéreas rusas, hasta hace poco consideradas casi impenetrables. El incidente provocó el incendio de una importante refinería que abastece alrededor del 40% del combustible de la región y obligó a evacuar el aeropuerto más grande del país; además se difundieron imágenes que muestran intentos de intercepción fallidos.

Expertos y analistas ofrecen explicaciones divergentes sobre las causas y la magnitud de la brecha. Anatoli Jrapchinski, exoficial de la Fuerza Aérea ucraniana y especialista en aviación, atribuye el éxito de algunos de esos ataques a una combinación de degradación de la arquitectura defensiva rusa y avances tecnológicos en los drones ucranianos, que han mejorado su capacidad para trazar rutas complejas y evitar zonas de intercepción.

Por su parte, Ruslan Leviev, disidente y analista militar, sostiene que las defensas rusas continúan siendo efectivas en términos generales y que han logrado derribar más del 90% de los UAV sobre Moscú. Según Leviev, el problema central es cuantitativo: cuando la escala de los ataques aumenta, se exige más equipo del disponible, y unos pocos vehículos no interceptados pueden causar daños sustanciales.

Entre las razones técnicas citadas para la vulnerabilidad se encuentra el diseño de sistemas como el Pantsir-S1, orientados a detectar objetivos metálicos de elevada reflectividad radar. Los drones modernos suelen emplear materiales compuestos —plástico o madera contrachapada— que reducen su firma radar y dificultan su detección e intercepción.

Además, la densidad urbana de Moscú, con rascacielos y grandes volúmenes construidos, facilita que los drones se oculten de los radares tras estructuras, mientras que el vasto territorio ruso dificulta la construcción de una cobertura aérea continua. El redespliegue de sistemas hacia zonas ocupadas ha fragmentado lo que antes era una defensa en capas, transformándola en un mosaico con menos coherencia operativa, según Jrapchinski.

Fuentes ucranianas han señalado también una posible escasez de sistemas S-300 y de repuestos, una situación vinculada tanto al desgaste de las reservas como a las sanciones y a la reasignación de equipos para usos distintos al que fueron diseñados. En el debate interno, algunos sectores cercanos al aparato de defensa han mostrado inquietud por la existencia de brechas, mientras que otros minimizan el impacto estratégico de estos ataques.

En conjunto, los analistas coinciden en que la mejora en las capacidades de ataque con drones plantea un desafío operativo distinto al de los enfrentamientos con misiles tradicionales: exige adaptaciones en detección, en múltiples capas de defensa y en la cantidad de recursos disponibles para sostener una protección efectiva.

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